Dicen que los muertos viven en la memoria de los vivos, y es cierto que se les recuerda con mucho cariño durante todo el año, pero es el Día de los Difuntos, cuando los camposantos se visten de gala para conmemorar a los que ya no están en este mundo material. ¿Flores para los muertos? No, las flores son para los hombres y mujeres que tienen la gran suerte de poder respirar cada día y visitan los cementerios, los muertos viven en nuestro recuerdo.

En una de esas visitas anuales a los cementerios uno puede encontrarse con cosas tan sorprendentes como dos preciosas niñas que juegan con sus muñecos entre las tumbas. Corretean entre crucifijos con cuidado de no pisar ninguna morada ajena, a la par que recitan una increible historia relatada a dos voces en la que cuentan las andanzas de un jovencito llamado Frankestein que era casi humano, pero no podía amar, y plantean si por ello era totalmente como algunos humanos. Ellas ya no están entre los vivos, pero su inocencia infantil, lejos de hacerles sentir dolor les invita a jugar y fantasear como si nunca hubiesen dejado de pisar el suelo para pasar a formar parte de él.

La interpretación no fue sólo buena, eso sería algo estéril. Cuando un intérprete, como un fotógrafo, o cualquier otro tipo de artista consigue emocionar al público ha llegado al clímax de la disciplina artística que practica. Y con la temperatura que hace en la fría noche de otoño, con el viento del norte helando las mejillas del público se hacía bien difícil otra cosa que no fuese tiritar, sin embargo, “las niñas muertas” provocaron el silencio “sepulcral” entre los muros del Cementerio de las Mártires, mientras alternaban interpretación de su propio cuerpo de carne y el otro al que daban vida, de trapo. Consiguieron emocionar, involucrar, trasladar al pasado, empatizar con los débiles y oprimidos, mucho más que “sólo” interpretar.

Frankestein abrió su pecho, se arrancó el corazón y lo lanzó al aire tras haber acabado con la vida de todos los que le rodeaban, en una historia llena de mensajes didácticos, pero sin final feliz.

Al son de un violín desgarrador, Zazurca Artes Escénicas brilló entre los difuntos y contó la historia que no cuentan los libros de historia, al menos los oficiales.

 

Oscar Catalán

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Join the discussion 2 Comments

  • Laura Catalán says:

    Guau! Esa interpretación, el 31 de octubre, con frío, de noche y … en un cementerio!!!! Qué puntazo! Gracias por compartir Oscar. Impactantes las fotografías …

  • Juan Antonio Catalán Rubio says:

    Genial Oscar, bestiales las fotos y muy bueno el comentario, sigue por es camino y quizas encuentres alguna vez alguien que lo sepa apreciar de veras, y tenga ganas y dinero para ayudarte.
    hago extensivas mis felicitaciones a quien puso en escena de forma tan maravillosa una interpretación tan dificil y no exenta de difilcutades.

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